23 noviembre 2006


LA CAVERNA DE LA REALIDAD

¿Sigue siendo válido leer los diarios o mirar noticieros de televisión cuando sabemos, ya con una certeza casi infalible, que el poder está siempre por detrás ? o por delante ? de las grandes corporaciones de la industria de la desinformación?. Y cuando me refiero a poder, me estoy refiriendo concretamente al poder económico, a quien si no, y a todos aquellos que le dan sustento arquitectónico y urbanístico. Entonces, ¿es evitable no entrar en el campo de las producciones de sentido de estas corporaciones económico-comunicacionales, y así construirnos una imagen de la realidad?. Y qué realidad es esa que inexorablemente elude el análisis crítico y nos ofrece un universo de 24 horas de información. Alejandro Dolina lo expresó con justeza en uno de esos programas del canal de las noticias sin fin: ?los canales informativos están condenados fatalmente a la repetición.?. Y en la repetición no hay lugar para el análisis crítico, sino espacio para opinadores de todo fuste y calaña. Y entonces, si el análisis crítico está ausente de los medios masivos lo que sucede es que nos absorbe una distorsiva cinta de moebius en la que quedamos atrapados como quedaban los insectos de nuestra niñez en las viejas lámparas de luz violeta. Es decir quedamos confortable y paranoicamente presos de un microondas comunicacional que refrita el sagrado recorte de la realidad y nos deja alelados y temerosos. Y ya sabemos: el miedo no es tonto, pero el terror es asesino. Porque el terror es la profundización de un temor que nos desborda, nos invade y que termina dejándonos gravemente idiotizados. El miedo paraliza, el terror mata e inhibe la necesidad de indagar sobre nuestros verdaderos conflictos sociales, sobre nuestra propia vida; desactiva interrogantes y promueve la sociedad del entretenimiento y el consumo, que es lo que difunden hoy los medios masivos de comunicación.
Cuánta soledad rondándonos. Si hasta ya es común oír hablar a todo el mundo periodístico-televisivo de una antigua pastilla paliativa de la angustia, el Rivotril, como si hablasen de chupetines de colores recién descubiertos.
Entonces digo, y sin dudarlo: el periodismo no está en los medios masivos de comunicación. Y si se encuentra allí, está muerto. El periodismo está en todas aquellas publicaciones y personas que vuelven a la calle, que se sumergen en el oro y el barro de la realidad e intentan sacudirla, cambiarla aunque parezca utópico. En todos aquellos que creen en la literatura, la poesía y el arte en general. Es decir, en todos aquellos que creen en la vida. Y esto es una verdad de perogrullo: Qué eran, además de excelentes periodistas, González Tuñon, Arlt, Nalé Roxlo, Walsh, Raab, Briante, Soriano y tantos otros que injustamente olvido ahora. Eran, por sobre todas las cosas, seres sensibles que perseguían la belleza y la verdad en lo que hacían, más allá del periodismo, y dentro de él también. Así es que lo repito: El periodismo de las grandes empresas comunicacionales está muerto, aunque vendan miles de ejemplares y las pequeñas publicaciones, con sus gentes, desaparezcan en un corto o mediano plazo. La corporación informativa ha pactado sólo con sus propios intereses, que no son otros que los del poder económico, y lo saben, como también saben que los pactos se pagan. Y como también sé que estas palabras tienen un costo; me lo han advertido.
Pero como dice Artaud en su Carta a los Poderes: ?... El deber del escritor, del poeta, no es ir a encerrarse en un texto, un libro, una revista de los que ya nunca más saldrá, sino al contrario, salir afuera
para sacudir
para atacar
a la conciencia pública
si no
¿para qué sirve?
¿Y para qué nació?

Por Conrado Yasenza

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