17 marzo 2012
Entrevista a Mempo Giardinelli/ Comunicación Popular/Martín Crudele-participación Conrado Yasenza
16 marzo 2012
La Estación del dolor
La Estación del dolor
Datos no faltan, sobran y si se busca e investiga, afloran como pruebas irrefutables de las falencias de control por parte del Gobierno a la hora de otorgar en concesión TBA a los Cirigliano. El semanario Miradas al Sur publicó el domingo pasado, una excelente nota del periodista Gabriel Bencivengo, sobre las operatorias fraudulentas en materia de seguros (autoseguros) que vienen realizando los Cirigliano: Una de ellas tiene un fallo condenatorio de la Sala II de la Cámara de Casación Penal, que califica como maniobra delictiva la presentación de balances falsos en una maniobra vinculada a seguros por parte de los hermanos Cirigliano, y en 2008.
Y no alcanza, decía, con anuncios y promesas; con traspasos y renuncias que como dijo un familiar de una víctima de la tragedia "que no renuncie nadie, que no se las acepten, no valen, porque así cualquiera". No basta con medidas que pareciera, maquillan el desconcierto que produjo la tragedia. No podemos tolerar, luego de nueve años de sostener la construcción colectiva de un proyecto nacional que busca ampliar derechos ciudadanos y mejorar la vida de un pueblo que ha sufrido mucho, digo o reitero, no se puede tolerar que los 51 muertos queden, con el paso del tiempo en el olvido, y que los responsables tanto del sector empresarial como del Estado, reciban un trato diferencial por parte de la justicia de la Nación. Ninguno de los responsables que resulten de una investigación judicial seria y profunda, debe ser protegido desde los poderes. Ya que si así fuere, se convalidaría la impunidad del verdugo detrás del poder, y es inaceptable para esta democracia popular que ha hecho suya la bandera de los Derechos Humanos, y su defensa. Por eso no puede quedar impune la muerte de nuestros hermanos, de nuestros compatriotas, trabajadores todos ellos, humildes, moldeados por el color de la tierra, empecinados en sostener su dignidad a pesar del maltrato y el descuido; a pesar de la impúdica codicia de aquellos que lucran con la vida humana. Las víctimas de Once no pueden ser abandonados por el Estado, y por aquellos que puedan darles visibilidad. Son hijos, padres, hermanos, que a pesar del inmenso dolor, persisten en su pedido de Justicia.
Y esto que escribo nada tiene que ver con ser o no funcional a las corporaciones mediático-terroristas, sino tener presente aquellos dichos de Néstor Kirchner para que seamos críticos y ayudemos al gobernante a no aislarse de la muchedumbre innúmera y recobrada. No podemos tolerar, otra vez no, ha costado tanto llegar hasta aquí!, que la muerte de los hijos del pueblo y su memoria, sea ofendida por la no profundización en las investigaciones judiciales; éstas deben concluir en condenas efectivas para todos aquellos que tengan responsabilidad en el luctuoso andén que la connivencia entre empresarios, sindicatos y Estado, le abrieron a la muerte, siempre atenta, siempre expectante al llamado de sus verdugos terrenales.
*Periodista-Dtor de La Tecl@ Eñe Revista digital de Cultura y Política www.lateclaene.blogspot.com
13 diciembre 2011
ENTREVISTA A OSVALDO BAYER POR CONRADO YASENZA (REPRODUCIDA EN TIEMPO ARGENTINO)

Defender la Asignación Universal por Hijo impacta contra la miseria”
SALOMÉ DE CHACRA DE MAURICIO KARTUN

Salomé de chacra: El mito griego y la pampa húmeda
Recomiendo fervientemente ver "Salomé de chacra", obra de teatro de Mauricio Kartun, representada en el Teatro San Martín. Gran relato criollo que adapta la tragedia de Salomé, Herodes y Juan El Bautista en clave pampeana, donde el poder revelador y rebelador, al tiempo que deseable, de la palabra y la voz constituye el origen de la sublevación de una peonada estigmatizada y colonizada (Gringete) y despliega la tragedia del poder de un deseo imperial (el de Salomé) por poseer como propiedad la voz, la cabeza y la palabra para sí, la voz y la cabeza que seduce y denuncia, que revela y convence. El trágico sino de Herodes, el que no es Estanciero sino Hacendado -(el estanciero está, no produce y explota la producción de quienes hacen. El Hacendado no se siente "estando" sino haciendo, produciendo a través de
Conrado Yasenza
Pequeño balance sobre Educación
Desafíos 2012
Ante las quejas de la querida clase media
Queridos amigos de clase media o media baja: En la medida en que a los vastos sectores todavía relegados del proyecto de bienestar con inclusión social les empiece a ir mejor, en la medida que el trabajo sea formal y no en negro, en la medida en que los comerciantes no se quejen por tener que blanquear trabajadores y pagar impuestos - especialmente los importadores que no producen nada y nos veden esos productos a precios viles en detrimento de nuestra economía - digo, entonces, en la medida en que el pueblo sea más pueblo con su hora y su justicia social, nos irá mucho mejor a todos. Entiendo que haya sectores que trabajaron siempre - hablo de trabajo no de bicicletas - y que aún sienten que no están del todo contemplados - y por que no, es mi caso también - pero es un proceso largo (perdón, quizás como las revoluciones?) y paulatino, y hoy la prioridad es que aquellos sectores que todavía viven en riesgo palpable tengan una oportunidad histórica de una vida digna. Ojalá la era esté pariendo un corazón nuevo. A seguir trabajando por
Zaffaroni, la nueva crucifixión: Lógica massmediática y el miedo como disciplinador
Zaffaroni, la nueva crucifixión: Lógica massmediática y el miedo como disciplinador.
El periodismo monopólico y la oposición servil (perdón, no encuentro un calificativo mejor) no tienen límites: Para ellos ya no hay ética posible, como no hay vuelta atrás en su rasgo identitario que es el odio barnizado de republicanismo. La asquerosa, sí, asquerosa, operación contra el Juez Zaffaroni lo demuestra. Y lo peor es que esto recién comienza. Además, claro, están aquellos que retozan en la molicie de la comida predigerida que ofrecen los multimedios y su corifeo: La Oposición. Qué bueno es no tener que pensar, dicen, y agradecen.
La única verdad no es la realidad, sino, la realidad atravesada por el poder. O la verdad atravesada por el poder (Foucault, creo, y no gugleo). Y más allá de la Ley de Medios, que todavía parece inactiva, la realidad nos muestra que la verdad está atravesada, entrelazada, confiscada, y pre-elaborada por los medios masivos monopólicos de comunicación, que ya a esta altura, es imposible escindir de los grandes grupos de poder económico. Como diría Nicolás Casullo, hoy los medios masivos de comunicación se han convertido en el partido de la derecha ( cito de memoria). Y creo también que la tarea de desmitificar la acción coercitiva de los grandes medios es una labor diaria que exige, justamente, pensar, leer y escuchar críticamente a los medios. Algunos denostarán las teorías de la manipulación mediática de los años '70; las ideas de apocalípticos e integrados de Eco; los conceptos de Lyotard: Bajo la lógica de la sociedad massmediática todo es representación, "el mundo ha desaparecido", nos preocupará la simbología de un mundo que no tenemos la certeza de si sigue existiendo o no. Entonces, valen las operaciones mediáticas de todo tipo porque ya no importará si Zaffaroni es dueño de dos, tres o más - y perdón por la expresión- puticlubs. Zaffaroni ya pertenece, en la lógica de los mass-media que hay que seguir revisando, analizando y criticando, al universo de la representación mediatizada, espectacularizada y estetizada - mal, horrible, en este caso - mediante la cual en el imaginario popular será "El Juez Proxeneta". Por ello insisto en que hemos subestimado las teorías críticas sobre los mass-medias elaboradas en los años '70, teorías que fueron arrolladas por la idea hegemónica - hegemonía massmediática - del Dios Periodismo que no puede autojuzgarse porque, precisamente, es Dios.
Debemos desandar ese camino, reactualizar análisis, observar prácticas discursivas y fácticas que producen los medios hegemónicos revisitando aquellas teorías, o acaso ¿ podríamos decir que las ideas de Mc Luhan han muerto y no vivimos en una aldea global? Aquí las diarias operaciones mediáticas y políticas - no olvidar, a pesar del espíritu triunfalista de un alto porcentaje de habitantes de la Ciudad de Bs As., las escuchas telefónicas y la campaña sucia hecha a través de encuestas telefónicas realizadas desde las usinas ideológicas del PRO- , y en Londres, Rudolph Murdoch y su imperio mediático escuchando, espiando y sobornando hasta a el ex- premier británico. Murdoch es Australiano y tiene un imperio mediático extendido por Gran Bertaña y Estados Unidos. Parece que el Rey está herido, veremos.
La hegemonía massmediática sigue siendo la lógica que impera y detenta la producción de sentido común. Bajo esta lógica fueron objeto de la coptación mediática - o acaso podríamos decir, para ser consecuentes con lo dicho, de la colonización subjetiva- la mirada de Doña Rosa, y claro, otras miradas también, mediante campañas difamatorias hacia las Madres, las Abuelas, los Organismos de Derchos Humanos, y ahora el Juez Raúl Zaffaroni. Es decir, sujetos, símbolos y trayectorias que representan una ideología sustentada en los principios de verdad, justicia, memoria e igualdad, que han dicho lo suyo sin medir consecuencias. Frente a ellos, la lógica mafiosa de los massmedias utilizando el miedo como elemento disciplinador. Ojalá seamos capaces de medir los riesgos y peligros de ofrecer nuestra mirada y pensamiento a corporaciones inescrupulosas, con apoyatura política, capaces de herir de muerte todo atisbo de procesos transformadores en lo social y económico, que intenten lograr una sociedad más equitativa e igualitaria.
Conrado Yasenza
*Periodista, poeta. Fundador de La Tecl@ Eñe Revista digital de Cultura y Política
www.lateclaene.blogspot.com
Crucifixiones II: Horacio González. Otra cabeza debe rodar

Crucifixiones II: Horacio González. Otra cabeza debe rodar
Por Conrado Yasenza*
Las usinas ideológicas del partido de los massmedia no cejan en su cruzada incansable contra la circulación de opiniones, pensamientos, enfoques políticos, miradas ideológicas y trayectorias personales. La máquina voraz de capturar represivamente palabras y opiniones está desplegando con torva decisión su funcionamiento en este tiempo de elecciones y puesta en juego de proyectos antagónicos de país. La parábola del ataque mediático parece imparable, y la batalla desigual. No alcanza, aunque es de relevancia en la disputa, la aparición de diarios como Miradas al Sur o Tiempo Argentino, que se suman a la orfandad en que hasta no hace mucho tiempo atrás, se encontraba Página 12. De todos modos, el poder económico que detentan las corporaciones y empresas de medios de comunicación agrupados en la tríada Clarín,
La ofensiva recrudeció en estos últimos meses ante la posibilidad de un nuevo mandato presidencial, luego de Octubre, para
Y como último y reciente objetivo en la cadena de crucifixiones públicas que lleva a cabo el Imperio, el vil intento de caracterizar al Director de
Hoy la intención de disciplinamiento, a través del miedo, es ejercida contra la figura pública de Horacio González. Y van por él, sin duda. Ha dicho su palabra sin romperse pero ha roto el cerco tendido sobre la organización de la vida social a través de las estetizaciones y montajes realizados por los aparatos ideológicos de las corporaciones mediáticas. Y esto es imperdonable; merece el cadalso, la cruz que se le aplica a los herejes y allí está entonces el editorial – el malicioso oficio del escriba que sin dar el nombre configura la posición, la opinión del diario – del diario
Pero continúan: Horacio González, según la opinión del diario, ha perdido la amplitud de criterio, rasgo éste que identifica a “sus compañeros de militancia” ¿Quiénes son estos “compañeros de militancia”? ¿El colectivo abierto, que parece que los medios han descubierto hace poco tiempo y a través de YouTube, conformado por intelectuales, militantes sociales, colectivos culturales, que se permiten el acuerdo y la discusión? ¿
Pero hay más, la estocada final: Sugiere el editorial que González está cansado, abatido, que ha perdido la capacidad de analizar sus dichos desde los Manuales de Táctica Política, y esto es perjudicial para la imagen presidencial – hasta pareciera que súbitamente se sienten preocupados por la imagen de
Pero también el intelectual de gabinete ha arremetido contra - he aquí la paradoja disfrazada de amplismo para intentar desideologizar la mirada del diario y convertirse en defensor público del gusto popular – el desembarco de figuras del espectáculo a la arena política. Y allí aparece camuflado, quizá hábilmente y en un intento por invertir la carga de la prueba – el ancestral odio de clase a la figura de Eva Perón, quien tuvo el tupé de conquistar al general desde las tablas para convertirse en la abanderada de los pobres y, entre otras tantísimas y más importantes acciones, desactivar
Otra mendaz falacia: Las opiniones vertidas por Horacio González no atacan al gusto popular ni condenan el arribo de figuras del espectáculo al ámbito del ejercicio de la política. Todo lo contrario: Lamenta González que la nueva figura del espectáculo devenido en político, Miguel del Sel, lo haya hecho... ¡negando la política! Recurriendo al remanido argumento de “no vengo a robar con la política porque para vivir tengo mi actividad privada” como si la actividad privada fuera el paraíso de los trabajadores honestos. Reflexiona González que la campaña realizada por Del Sel fue sostenida por este imaginario falaz y perverso de “ no prometer nada que después no cumpla” – estigmatización de la política que cala hondo en el sentido común de aquellos mismos que votaron en una compulsa democrática y política al humorista que no sabe nada de política porque es un trabajador, un profe de gimnasia devenido en actor cómico -, de “no entender nada de política” y presentarlo como un valor en aquel que por una hora se entusiasmó con ser Gobernador de Santa Fe. De un humorista sencillo y querido por el pueblo que se manifiesta abiertamente antipolítico pero se presenta a elecciones democráticas y luego sostiene con vigor que su candidato a presidente es Eduardo Duhalde y agradece el generoso apoyo del aparato político del ex caudillo de Lomas de Zamora. Toda una definición política de la antipolítica, ese oscuro objeto del deseo.
Es por todo ello que las usinas mediáticas lanzaron ese agraviante editorial, falsamente arropado de republicanismo y amplitud de mirada, contra la figura, potente, reflexiva, política, de Horacio González, que para agregarle un dato más a este humilde intento de desmontar otra más de las operaciones político-económico-mediáticas a las que asistimos, es amigo de Fito Paez, el músico que dijo su sentida palabra y fue destrozado en las guillotinas de Papel Prensa.
De todos modos creo, y quizás se leerá esto como cierta ingenuidad de mi parte, que las operaciones que se han gestado no se sostendrán en la percepción pública de la realidad porque su origen es falaz y malicioso, pero también creo que deberemos estar alerta a los ataques por venir para desactivarlos dando testimonio en los momentos en los que haga falta hacerlo.
Conrado Yasenza 5 de Agosto de 2011
*Periodista – Dtor. De
18 julio 2011
Carta a Fito: La Ciudad de Los Malos Aires y los Globos de Colores
29 agosto 2010
Cavidades .Cuento
Carlos había salido a caminar un rato para despejarse de la visita ociosa de sus fantasmas. Era tarde y la noche se ofrecía como un cofre cálido, listo para ser abierto. Sentía el cansancio del día trabajado, pero la idea de una vuelta por ahí no era mala. De las cinco o seis fumigaciones hechas - no recordaba bien el número, y hacer una balance en medio de la caminata no le resultaba placentero - sólo pudo cobrar una, la del bolichito de minutas “El Gallego”, a no muchas cuadras de su casa. Poca guita.
Paró en un kiosco y compró un atado de Marlboro. Quitó la cintita dorada que libera al paquete del plástico brilloso y rompió el papel metálico por un extremo. Cuatro circulitos planos muy blancos, asomaron a la vista de Carlos. Tiró de uno de ellos hasta sacar el cigarrillo por completo. Lo prendió con ganas, le dio una bocanada bien fuerte y aspiró profundo. La ansiedad aflojó. Caminó tres calles hacia arriba por Avenida La Plata, y entró a un bar que frecuentaba en noches de fantasmas y cielos parecidos a la oscuridad misma.
Se acercó a la barra y le pidió al barman un Criadores; basura, pero la economía de sus bolsillos no daba para más. Buscaba compañía. Una mujer, a pesar de la fatiga, era lo que necesitaba; y el kerosene que acababa de tomar aumentó su deseo de ampliar el programa, echándose un buen polvo, si fuera posible. Su mirada recorrió todo el bar. No había mucha gente pero en una mesa, hacia el fondo y cerca de los baños, la vió, sola. Volvió a pedir un whisky - ese asqueroso líquido bilioso parecido al whisky - y se dirigió hacia la mesa en la cual ella se encontraba tomando una cerveza. Su aspecto era bastante común: una linda flaquita de unos veintidós años, de pelo castaño, con ropa más o menos a la moda y aire desinteresado. Parecía una de esas chicas de clase media venidas a rebelde.
Parado frente a ella le dijo - Hola, soy Carlos, ¿puedo sentarme?. Ella, apenas levantando levemente su cabeza, contestó - Y qué, Carlos es tan anónimo como llamarse Raúl. Si querés, sentate.
Carlos tomó por el respaldo la silla de madera, la acomodó de perfil y se sentó. Ella seguía sumergida en su vaso de cerveza, sin mirarlo.
- ¿Qué hacés ? - le preguntó.
Ella, aún sin mirarlo, le contestó - Soy prostituta - y se ríó de costado.
- ¿Así que sos prostituta?, bueno, entonces bárbaro, porque estoy con unas ganas terribles de echarme un fierrazo.- le dijo Carlos sin mediastintas.
Ella se mantuvo indiferente, sin erguir la cabeza, como si estuviera pensando qué contestar. Luego de tomar un trago de cerveza lo miró fijo a los ojos, y levantándose muy despacio de su silla susurró - Sos un pelotudo.
Él, todavía sentado de perfil y viendo que ella se disponía a irse, hizo un comentario como al paso - Sí, soy un pelotudo, pero quedate a tomar algo. Esta noche me siento algo perseguido y no quiero estar solo. Yo te invito, dale?
Ella se sintió por un momento desorientada. No sabía qué hacer ni qué decir. Había estado muy tranquila, tomándose su cerveza, cuando el tipo irrumpió, haciéndose el canchero como en una de esas películas yanquis donde el protagonista, por lo general desprolijo y con cara de raro, se levanta a alguna de esas chicas en busca de aventuras.
- Mirá,... le dijo ella - yo también tengo mis noches de rollos. Ahora, si lo que vos buscás es coger te equivocaste mal; a mí me cabe hasta ahí, O.K?
Carlos le volvió a pedir que se sentara y pidiese algo de beber. - En realidad - dijo - sí, tengo ganas de coger. Pero pará de insultarme y sentate, que también quiero charlar. No es volazo lo de que ando medio perseguido; se llama estar solo y es muy común, además de aburrido. Después te invito a mi casa.
Carlos mentía y también sabía que lo hacía mal. Sentirse solo era habitual en él; y el hecho de buscar a alguien para pasar la noche era igual de común.
Ella, apoyando sus brazos en el borde de la mesa y bastante irritada por lo vulgar de la situación, le dijo alzando el tono de su voz pero sin gritar - ¿Quién te creés que sos, loco?. Te sentás acá y me hablas de coger y me invitas a tomar algo juntos. Vos está rechiflado.
Carlos respondió - Algo chiflado estoy, pero no soy peligroso. Ya te lo dije, hombre solo y a la vista. Dale, esto no da. ¿Venís a mi casa?.
Ella lo miró por última vez, como empezando a disfrutar del inicio de algo parecido a un juego, y contesto - Bueno, vamos
Salieron juntos del bar y fueron para la casa de Carlos, caminando. No se hablaron ni se miraron hasta llegar a la puerta del edificio donde Carlos vivía.
- ¿Entramos? - le dijo él.
- Bueno, entremos.
Tomaron el ascensor y bajaron en el piso ocho. Recorrieron un largo pasillo recto, con ventanales que daban a un patio interno, y luego giraron hacia la derecha hasta llegar a la puerta en la que se observaba, atornillada al enchapado de madera, la letra D. Carlos abrió la puerta de su departamento. Estaba algo desordenado y con los platos sucios del día anterior. Ella miró de refilón. No dijo nada y entró. Se acomodaron en una mesita cuadrada que se hallaba en el ambiente principal. Sobre ella un cenicero. Carlos ofreció algo de tomar y ella dijo que quería un té. Carlos fue a la cocina, lleno de agua una vieja pava, similar a las que se usan en los campamentos, encendió la hornalla y tomó dos tazas y dos saquitos de té. Los llevó a la mesa y esperó a que el agua hirviese. Mientras tanto, ella observaba todo: la ausencia de sillones, la escasez de artefactos. Sólo pudo reconocer un contestador, un viejo televisor con una video arriba y algo parecido a un centro musical. Carlos volvió con la pava y preparó los dos té.
Ella pregunto - ¿De qué trabajás?.
Carlos contestó - Soy fumigador. Digamos que hago limpiezas, o si querés, ayudo a mantener el ecosistema. Es decir, algo parecido a un ecologista.
Ella se rió, con ganas, como entrando en confianza. Estaba en un departamento extraño pero no tenía miedo. La situación no le resultaba ya tan absurda. Comenzó a sentirse dueña de lo que ocurría . Pensó que, tal vez, desde el principio dominó la situación. Carlos le parecía un tipo algo raro pero no peligroso. Mas bien, alguien solo, muy solo, como él mismo se había definido. Y esto le otorgaba cierto aire de supeioridad sobre él. Terminó de un sorbo el té y se estiró en la silla. Carlos la miraba. Sus ojos revelaban que ya el tiempo y las ganas pedían irse hacia la habitación contigua, hacia ese pequeño cuarto que era su dormitorio, el dormitorio de Carlos. Ella, entonces, comentó sin pasión alguna... -Te dije que lo de coger me iba hasta ahí. Y hoy, me va menos. Ok?
Carlos la miró con ojos de revancha y contestó: - Está bien, si no te va, podés ir yéndote.
- Estás loco!, es muy tarde. Mejor me quedo y mañana me voy.
Ahora, Carlos sí parecía haber perdido el control. No supo qué contestar. Lo único que sintió conservar fue ese espíritu de revancha, esa espera del que no esperaba nada y algo encontró.
- Mirá, yo duermo en el dormitorio y vos acá en el living, en un colchón- propuso ella, con firmeza, ya con total certeza de dominar lo que estaba pasando.
Carlos se irritó...- Vos sí que estás loca, ni te conozco, no se ni siquiera tu nombre y te voy a dejar dormir en mi cama. Mirá si mañana me levanto y me afanaste todo.
Ella también comenzó a irritarse y repuso... -Vos pensás que yo te puedo afanar?. Si no tenés nada!
- No sé, loca, pero esta es mi casa y si te querés quedar, dormís conmigo en la cama. Se acabó.
Ella sintió que el juego se había vuelto interesante, a pesar de lo histérico y patético del momento.
- Mirá, me voy a quedar y voy a dormir en tu cama. Por lo del nombre no te preocupés, me llamo María. ¿Más datos?... bueno, estudio Antropología en la Universidad de Buenos Aires. ¡Ahh!... y además tengo una manía o fobia o no sé bien qué; no soporto a nadie al que le falte algún diente. Es algo que me dá asco, rechazo.
Carlos se sintió herido, burlado por María, la situación y porque, para colmo, a él le faltaban algunas muelas de atrás.
Se fueron a acostar y ella no cedió, ante la insistencia de Carlos, al fierrazo con el que él se presentó en el bar. María se durmió y Carlos, con bronca pero ya sin entusiasmo - la había mirado bien y la verdad era que no lo calentaba un carajo - se incorporó, sentándose en el respaldo de la cama. No podía dormir y de a poco lo fue ganando, nuevamente, la idea de que María lo pudiese robar.
Se dió máquina toda la noche, se paranoiqueó y no pudo cerrar un ojo.
Ya de mañana, Carlos se levantó y fue al baño. Meó. Volvió a la pieza y se detuvo en la respiración profunda de María. Su sueño era pesado, sereno. Quiso despertarla y ella murmuró que estaba muy cansada, que quería dormír. El insistió y ella, algo más despabilada, le dijo que se fuera, y que cuando se levantara, se vestiría para marcharse y olvidar así todo el malentendido surgido la noche anterior. Carlos mantenía intacto, junto al cansancio, aquel aire de desquite; aquel cuidado deseo de revancha.
Comenzó a acariciar la entrepierna de María, suave, muy suave. Ella empezó a moverse, a relajar sus músculos, a respirar ya no tan pesadamente. Su cuerpo insinuaba una agitación creciente. Carlos seguía jugando por la entrepierna de María, paciente, seguro. Ella empezó a contorsionarse; arrugaba y desenvolvía su cuerpo, cada vez más agitada su respiración. Carlos introdujo su dedo mayor. María gimió un por favor. Carlos la penetró con el pene bien erecto, colmado de vulgaridad y autonomía. Ella era ya una exitación rabiosa. El la acompañaba, sólo eso, la acompañaba, sin pasión. Ella sudaba y gemía entre sollozos.
María comenzó a estremecerse, a golpear la cama y a él también. Sus labios y su rostro languidecían. Carlos, acompañaba, sólo eso, acompañaba. María gimió el preanuncio del final, produjo un alarido ahogado y gimió más fuerte todavía, y grito hasta el paroxismo. Carlos, entonces, dejó que su pene estallara, y mientras descubría el rostro de su bronca, las facciones sanguíneas de la revancha, arrimó con sutileza su cara a la de María, abrío lo más grande que pudo la boca y, junto a un aullido de celebración consumada, dejó que ella viera las oscuras cavidades que en otra época habían sido habitadas por sus muelas de atrás.
Conrado Yasenza
31 marzo 2009
Horacio González - Fontevecchia y Verón: fundamentos discursivos del fenómeno antikirchnerista
Fontevecchia y Verón: fundamentos discursivos del fenómeno antikirchneristaHoracio González
Me demoro un momento en un artículo reciente de Noticias, repleto de mala fe y forjado con el modelo de los affiches del far west: “buscados”. Se trata en él de lo que denominan las “usinas intelectuales del gobierno”. Además de estar concebido como una orden de captura, su molde es la clásica retórica del periodismo amarillo: la suficiencia de un saber (“cómo funciona”); la presuposición de una confabulación (“la usina”) y el anuncio perdonavidas de un concepto prejuicioso y potencialmente persecutorio (“ideológica” del gobierno). No nos sorprende esta conocida fusión entre periodismo y cacería. Pero como verdaderas herencias del amarillismo de derecha, mantiene pretensiones culturales. Es necesario entonces hacer otras consideraciones.
La pregunta sobre como se financia la “usina” pertenece al campo del amarillismo semiológico: algo se haría en sigilo, a nuestras espaldas, y necesitamos saberlo. Dicho en otras palabras, este periodismo del bajo folletín es también una degradación de la investigación periodística, convertida en una transposición de lo que se llamó así en el pasado inmediato. No desentrañar secretos y olvidos que afectan a una verdad, sino enmarañar la verdad para que se olviden los efectivos poderes que están en juego. La vieja expresión, amarillismo, forjada hace casi más de un siglo, presupone trabajar con el color más intenso para despertar las sospechas oscuras del folletín.
El sentido general de esta nota obtusa remite al esquema de fondo de la Editorial Perfil: las acciones sociales son investigables, por principio, en nombre de presuponerlas fundadas en una estructura general de corrupción. Quién las investiga es un neocruzado que hereda el amarillismo de la prensa puritana de finales del siglo XIX, en el que se piensa que el mundo solo puede ser redimido por la homilía periodística. Todo ésto como recomposición del capitalismo ascético.
Las excepciones de Walsh en la Argentina y Raymond Chandler o Dashiell Hammett en Estados Unidos –donde la investigación la realiza un hombre débil, juguete de los acontecimientos y que termina pagando el precio de su osadía- no puede ocultarnos que el poder periodístico más injusto y negligente es el que mantiene ahora el arquetipo de la revelación del escándalo.
¿Qué es el escándalo? La palabra proviene del griego skándalon, trampa u obstáculo para que alguien caiga. No deja de tener hoy esa acepción, pero bien entendido, es un reagrupamiento de sentido sobre los hechos presuponiendo su esencia en un insondable aquelarre. Hay que procurar los medios para que destilen lo que “encerraban”, para que suelten su enigma y se perciba la vergüenza de su lenguaje recóndito. Dejar a la vista el escándalo, o ver lo real en tanto escándalo, implica denunciar un lenguaje que no se acomoda a las lenguas habladas por el poder comunicacional más trivializado. He aquí Perfil y sus contratos de lectura, como diría Verón.
Por eso, para este tipo de amarillismo calificado, “escándalo” significa no tanto caer en la trampa, sino que todo hecho es una trampa y debe ser revelado como tal, si es posible, poniendo afiches en las calles contra los réprobos. Y es lo ocurre en los kioskos con la tapa de Noticias. Esa revelación es súbita, pública y supone un juicio sumarísimo por la prensa. La revista Noticias y el diario Perfil son herederos de esta noción del escándalo, pero su aparente novedad es que también la aplican a la vida intelectual. La potencialidad escandalosa de la noción de lo “intelectual” -reconocidamente dificultosa: su mención siempre fue problemática- debe ser también revelada. De ahí las imprescindibles preguntas como “quienes son y cómo se financian”, por un lado, y la atención que se presta a las vicisitudes que presenta el lado querellante del oficio intelectual, valorando los lenguajes que de allí provienen sin el habitual recurso a la “divulgación”. Esta es una paradoja interesante en el caso de Perfil, pues sostiene un interés en los estilos intelectuales y en ciertas aspiraciones de la crítica que no es propio de los sectores centrales de la prensa, que a su vez heredan la tradición de “darle al lector urbano, contemporáneo y de masas, lo que pertenece a su nivel de comprensión”. Este último –la standarización- es el ejemplo de Clarín que no suele admitir niveles propios de la lengua intelectual. Este diario hace ingentes esfuerzos como instancia unificadora de lenguajes, para homogenizar la escritura como acto de dominio pedagógico.
No es el caso de Perfil, que admite la hipótesis de la convivencia de una lengua específica con una lengua general –es decir, un periodismo que acepta planos heterogéneos- pero que suele reservarse el juicio final del escándalo (“cómo se financian”) cuando es necesario destruir un lenguaje elaborado con exigencias singulares con los afectos del lenguaje general de la sospecha. Sin vueltas, se trata del infundio como forma expositiva, la deformación de los actos como intencionada ruptura con la fidelidad narrativa y el arreglo de los hechos a una hipótesis moralizante, último refugio mendaz de esta técnica distorsiva.
En cuanto al artículo de tapa al que nos referimos, titulado Cómo funciona la usina ideológica del gobierno no importa que se desmienta la propia pregunta en el contenido de la propia nota: precisamente esa distancia entre la titulación (las encubiertas operaciones retóricas sobre el texto) y el texto mismo, son un derecho que prácticamente todo el periodismo de masas se ha autorizado como parte de su ética basada en el jurisprudencia del escándalo. Esa distancia es el triunfo del periodismo moderno de masas, ante el fracaso de dirigirse realmente al lector ciudadano en el que había pensado el siglo XIX, que por respeto no era juzgado merecedor de tales distancias irracionales entre el cuerpo del texto y su presentación. Perfil ha abusado de esa distancia y la ha ampliado irracionalmente. Cuerpo y cerebro no se pertenecen: he allí su verdadero escándalo.
Sin embargo, todas sus notas se basan en fórmulas de la pesquisa decimonónica. Los detectives fueron inventados por una noble literatura de folletín de alto nivel, lo que fue denominado por Balzac la “comedia humana”. En el caso de Perfil, gira todo este material de “investigación crítica” de las “usinas” –viejo nombre que las derechas serviles le dan a la cultura y hacia todo lo que los afecta- hacia el amarillismo intelectual y remata con la noción central del grupo editorial: Caras. Hay caras. En efecto, su sinopsis de ideas periodísticas se resuelve en la revista Caras, que juega con la desconexión total de los hechos de las historia en virtud de la presentación del rostro (entendido como ideología resumida de la existencia) como una forma del escándalo. Tener un rostro es un escándalo. Hay que investigarlo.
Y así, rostros al borde de piscinas, fotografiados en sus casas para mostrar las vidas aprobadas, vidas hedónicas que son un signo de oscuro consuelo –antiquísima técnica de los poderes monárquicos, feudalismos que el gran periodismo, verdaderamente crítico supo desnudar y superar- conviven con los rostros de los investigados, de los que cada domingo van a ser enviados al cadalso por Noticias y salvados en el purgatorio de Caras. Estos dos hemisferios complementarios posee la ideología de Fontevecchia. Todo cuanto trata presupone la condena o la salvación de un rostro. Ha descubierto algo fundamental, manejado turbiamente: las caras (o las noticias manejadas como rostros) son nuestro paso por el mundo. Verlos en un trono (“cómo vive tal o cual”) o afichar la ciudad con las fisonomías réprobas (“quién los financia”) es un grosero pensamiento. Amarillento, pegajoso, craso.
Perfil tiene una columna que queremos comentar, la de Eliseo Verón, respetado profesor de una vastísima trayectoria, del cual recordamos sus comienzos en Cuestiones de filosofía (una gran revista de comienzos de los sesenta, de la cual salieron solo tres números), sus lecturas de Merleau-Ponty, luego cambiadas por las de Levi-Strauss y luego una imaginativa semiología, una pletórica teoría del discurso, que sin embargo, poco a poco lo fue llevando hacia fuertes compromisos empresarias que no le quitaron su calidad intelectual sino –al menos para mí- su capacidad de interpelar a su tiempo y a los núcleos problemáticos mas vívidos de la época. No decimos más, pues si decimos que cada mención de un nombre en los dominio de Fontevecchia es una denuncia que va hacia las mazmorras metafóricas o hacia la salvación hagiográfica, no incurriremos en el mismo estilo. Y recomiendo que siempre lo hagamos para elevar el nivel de relaciones críticas entre todos, se trata de quien se trate.
Verón, junto a Silvia Sigal, había escrito hace muchos años un libro muy importante, Perón o muerte, fundamentos discursivos del fenómeno peronista, en el que analizaba una lucha dantesca – no una comedia humana sino una divina comedia- entre Perón y los montoneros, a través de la configuración enunciativa como retórica general de la existencia política. Magnífica y arbitrario, el libro deshistorizaba la lucha pero por otro lado, la politizaba en extremo, pues sostenía que la hipótesis de partida, un peronismo compartido entre distintas interpretaciones del mundo, solo podía ser un malentendido que después resulto en una guerra. Consecuencia inevitable de una gran conflagración hermenéutica, basada en apropiaciones y desvíos de grandes narraciones que finalmente establecerían la fusión entre lenguaje y muerte.
El libro hoy podría ser escrito de otra forma, pues ideas como el malentendido y la figura del lenguaje como sujeto de las prácticas tienen valor duradero, y es obvio, están en toda la filosofía antigua y contemporánea. No inventó nada nuevo Verón pero lo expuso convincente y polémicamente, a la luz de los años alfonsinistas, que venían a reproponer la relación entre discurso y ciudadanía, expurgando malentendidos y dándole transparencia a la relación entre lenguaje y poder, esto es, creando ciudadanos y no figuras de guerra. ¿Fue así o no pudo ser así porque estas atractivas teorías del significado del lenguaje no pueden sin más resolverse en una pobre teoría política liberal?
Quizás no resumo bien un libro complejo, pero quiero ir a lo que ahora me preocupa. El artículo, o “columna” –según la denominación habitual- de Verón en Perfil. Sale el mismo domingo en que la revista Noticias nos fulmina contra el pasredón de los kioskos porteños. Su título es Hagamos política, y apelando a una asociación que llama inconsciente, cita al filósofo Jacques Ranciére para afirmar una curiosa tesis que sin dudas está en Rancière, pero tratada por Verón a pedir de boca de ese número de Perfil. Se trata, lo más finamente que se pueda decirlo, de llamar votar contra el gobierno (que hace, como todos, un tipo de política que Rancière ha llamado, recuerda Verón, de “policía”), pero no de un modo en lo que harán muchos ciudadanos, que como se sabe serán muchos, sino diría, -perdón por la redundancia- de una manera destituyente. Como esta palabra tiene sabor filológico, y ahora es de uso habitual, no veo mal recordarla.
Verón nos dice que en nombre de un festejo de la contingencia política, verdadera forma de irrupción en la disparidad social, habría que producir la cesura de la relación entre competentes e incompetentes. Se lo haría mediante una pregunta que llama provocativa y escandalosa: “¿y si la democracia fuera el poder de cualquier persona, la afirmación de la contingencia de toda dominación?”. Por lo que una regla de azar, tirar lo dados para ver quien ocuparía el máximo poder (dice estar pensando en la próxima elección legislativa), resolvería el hiato entre la política y la disparidad social que origina toda administración. Llama entonces a hacer uso de ese golpe de dados mallarmeano, diciendo sin duda respetar el republicanismo, pero se trata ahora de impedir que los “incompetentes” sigan gobernando.
La piel del artículo de Verón es interesante, su glosa de Rancière es aceptable, su argumento resulta atractivo y nos ilusiona con un trato complejo con la materia que invoca. Como siempre. Pero ahora –también habla de escándalo de este pensamiento, en el sentido de que se halla en un lugar que no tiene lugar: aceptamos- lleva el argumento hacia una convocatoria que no hubiera deslucido hace algunos meses en el Monumento a los Españoles –aunque Rancière, estimable filósofo, es francés- y la resuelve en un contingencialismo absolutista que termina volcando una interesante filosofía en una vulgar maniobra semiológica. Ante las elecciones, nos estaría sugiriendo que del conjunto de cuarenta millones de habitantes, y que no sufra el republicanismo, elijamos a uno al azar. La prosa es fina, la intención es grosera. ¡Quizás sale él! ¡Qué lo nombre de ministro a Fontevecchia! ¿O habrá que aplicar también el azar para los ministros, si es que hay ministros?
Así como en Fundamentos del fenómeno peronista se lo ponía a Perón entre la opción del lenguaje autotransparente o la muerte –el análisis era sin duda interesante- ahora a Kirchner se lo pone –muchos años después, mucho más rápido, sin tanto artificio y apenas como un rápido comentario al autor de El desacuerdo- como un falso experto, un impostor que dijo estar capacitado, con lo cual “los fundamentos del fenómeno kirchnerista” vienen a coincidir con lo que Perfil viene diciendo hace rato. Ya se sabe. Hay que sacarlos rápido, no entienden la relación entre expertos y azar, disfrazan de gobernabilidad la urgencia (¿cómo, a Verón no le gustaba el azar, una forma del decisionismo y la urgencia?). Nada nuevo: ¡Fontevecchia y Rancière, un solo corazón! El sakándalon se ha consumado. Próxima entrevista de Caras: Rancière. Un hombre que nunca hubiera ido al Monumento anteriormente referido.
No estoy enojado sino un poco resignado, aunque la vida y la historia deberán refutar estas tosquedades, aún revestidas de una capa de finura intelectual. Escribo esta nota tan solo para los amigos y para que circule –quizás con la benevolencia de éstos, por los medios habituales de reproducción en cadena. Ya Ricardo Forster puso en su lugar a los mequetrefes. Solo tengo para agregar que la miserable nota manoseadora, no solo tiene el error de inducir a una idea de lo intelectual que debería resolverse, según ellos, en ideas “no deshonradas” por cargos (en vez de suponer que ciertos cargos pueden cargarse, valga la redundancia, de fuerza intelectual), no solo apila situaciones falsas armadas con prejuicios persecutorios, sino que infama a una figura como David Viñas, quien no participa de Carta Abierta aunque nos enriquece continuamente con su diálogo y su amistad. La verdad, sus noticias no tienen cara, no son buenos ni de perfil.
